Las y los investigadores del grupo Neuroinmunología del Instituto de Investigación Sanitaria Biogipuzkoa, han concluido que el metabolismo del colesterol está alterado en la esclerosis múltiple y esta alteración es distinta según el sexo. En este trabajo han participado, entre otros investigadores, Laura Moles, Rocío del Carmen Bravo-Miana, Hirune Crespillo-Velasco, Tamara Castillo-Triviño y David Otaegui, y los resultados de este trabajo se han publicado en la revista científica internacional Neurobiology of Disease.
El punto de partida de este nuevo trabajo está en una observación clínica: con frecuencia se observa en los pacientes de esclerosis múltiple (EM) niveles elevados de colesterol y triglicéridos que, en principio, no se explican por su dieta ni por su estilo de vida. Esa observación, junto con lo que ya empezaban a sugerir algunas publicaciones científicas sobre una posible alteración del metabolismo lipídico en la EM, llevó a investigar con más detalle qué estaba ocurriendo. Así, el objetivo fue entender mejor estos cambios, identificar posibles diferencias entre hombres y mujeres y explorar si podían utilizarse como biomarcadores predictivos de la enfermedad.
La EM es una enfermedad en la que el sistema inmunitario daña la mielina, la capa aislante que recubre las neuronas. Esa mielina está formada en gran parte por colesterol, así que el grupo investigador quiso estudiar si el modo en que el cuerpo maneja el colesterol podía estar relacionado con la enfermedad.
Para ello, analizaron sangre y líquido cefalorraquídeo de personas con distintos tipos de EM y lo comparan con personas con otras enfermedades neurológicas (en las que la mielina no está afectada). No solo midieron colesterol, sino también otras moléculas implicadas en su metabolismo, para entender mejor cómo se produce y utiliza.
Como resultado, observaron que las personas con EM tenían más colesterol y marcadores de síntesis de colesterol en sangre. Sin embargo, en el cerebro ocurría lo contrario: los niveles de colesterol en el líquido cefalorraquídeo eran más bajos. Hay que tener en cuenta que el colesterol no puede cruzar la barrera hematoencefálica (la barrera que separa el sistema nervioso central de la sangre) y que, por lo tanto, la regulación es distinta en el sistema nervioso central y en la sangre. Así, parecía que el cuerpo intentaba compensar los niveles de colesterol fuera del cerebro, mientras que dentro del sistema nervioso faltaba colesterol, algo importante porque la mielina necesita colesterol para mantenerse y repararse.
También observaron que cuanto menor era el colesterol en el sistema nervioso, mayores eran los niveles de una proteína asociada al daño de las neuronas. Esto sugiere que la falta de colesterol en el cerebro podría estar relacionada con un mayor daño y con la progresión de la enfermedad. Otra observación importante fue que estos cambios no eran iguales en hombres y mujeres: el patrón de alteración del colesterol variaba según el sexo y también según el tipo de EM. Esto podría ayudar a explicar por qué la enfermedad puede manifestarse de manera tan distinta en hombres y mujeres.
En conjunto, el trabajo sugiere que estudiar el colesterol y otras moléculas implicadas en su metabolismo podría servir no solo para entender mejor la enfermedad, sino también para encontrar nuevas formas de diagnosticarla antes o predecir cómo va a evolucionar.
En conclusión, este estudio muestra que el metabolismo del colesterol está significativamente alterado en personas con EM, y que estas alteraciones dependen del sexo. El metabolismo del colesterol también varía según la gravedad de la enfermedad, el tipo de EM y si se analiza en el sistema nervioso central o en la sangre periférica. Además, se encontraron en muestras de los pacientes que ciertos marcadores de absorción de colesterol son especialmente útiles para identificar la enfermedad y su tipo en hombres. Finalmente, las alteraciones en el metabolismo periférico del colesterol se vuelven más marcadas a medida que la enfermedad progresa. Por lo tanto, este estudio ayuda a entender mejor cómo la esclerosis múltiple afecta al cuerpo, al descubrir que el metabolismo del colesterol, una molécula clave para la protección y funcionamiento de las neuronas, está alterado en las personas con esta enfermedad, y que estas alteraciones varían según el tipo de esclerosis múltiple, la gravedad de la enfermedad y el sexo del paciente. Además, algunos marcadores relacionados con el colesterol podrían servir para diagnosticar la enfermedad, identificar su tipo y seguir su evolución. Estos hallazgos también abren nuevas posibilidades para desarrollar tratamientos más personalizados, enfocados en mejorar el metabolismo del colesterol en el cerebro y proteger así a las neuronas.
Las y los investigadores muestran su satisfacción “porque un estudio que parte de una observación clínica ha dado lugar a un hallazgo científico con posibles implicaciones reales para los pacientes. No solo aporta una mejor comprensión de la esclerosis múltiple, sino que abre nuevas vías para diagnosticarla, seguir su evolución e incluso pensar en tratamientos más personalizados”. Añaden que “nuestros resultados plantean nuevas preguntas y nuevas líneas de investigación. Encontrar diferencias entre hombres y mujeres, o descubrir que ciertos marcadores del colesterol podrían ayudar a predecir la enfermedad, da la sensación de estar abriendo una puerta hacia algo importante que todavía queda por explorar y por tanto es muy motivador.”
Este trabajo se realizó durante una estancia internacional de tres meses financiada por el ISCIII a través de un contrato Sara Borrell. La estancia tuvo lugar en la Universidad de Maastricht, en el departamento de Ciencias de la Nutrición y del Movimiento de la Facultad de Medicina, gracias a la colaboración establecida con el investigador Jogchum Plat.





