Un estudio elaborado por el Instituto de Investigación Sanitaria Biogipuzkoa y la EHU ha relacionado algunas sustancias químicas detectadas durante el primer trimestre del embarazo con el inicio de la pubertad de sus hijos e hijas.

En el marco del proyecto INMA, que estudia el impacto de los contaminantes ambientales en el embarazo y en el desarrollo infantil, el equipo investigador ha analizado la concentración en la sangre materna de unas sustancias químicas denominadas PFAS y el inicio de la pubertad en niños y niñas. El estudio concluye que algunos tipos de PFAS podrían tener una ligera relación con el desarrollo temprano o tardío de determinadas características de la pubertad. En este estudio han participado Sara López de Calle y Amaia Irizar Loibide, miembros del grupo Salud Pública y Epidemiología Ambiental del Instituto de Investigación Sanitaria Biogipuzkoa y del grupo Basque Environmental Health Research Group (BEHRG) de la EHU. Además, han particpado investigadores de INRAE (Instituto Nacional Francés de Investigación para la Agricultura, la Alimentación y el Medio Ambiente) y el consorcio de investigación CIBERESP.

Los cambios que marcan la transición de la infancia a la adolescencia tienen lugar durante la pubertad. En las últimas décadas, el fenómeno de la pubertad precoz está aumentando. La comunidad científica estudia este fenómeno desde distintas perspectivas; se sabe, por ejemplo, que la pubertad temprana suele estar relacionada con la acumulación de grasa corporal y que, en los países más cálidos, la pubertad tiende a comenzar antes. La pubertad está regulada en gran medida por el sistema endocrino (hormonal), y las exposiciones del feto previas al nacimiento pueden influir en dicho proceso. De hecho, el contacto del feto con sustancias químicas que afectan al sistema endocrino podría influir en la señalización hormonal y en el inicio de la pubertad.

Las PFAS son algunas de esas sustancias que inciden en el sistema endocrino, ya que se trata de disruptores endocrinos: «Son capaces de activar y detener, entre otras cosas, los mecanismos metabólicos que normalmente ponen en marcha nuestras hormonas», explica la investigadora Sara López de Calle. A estas sustancias se las denomina compuestos químicos permanentes, porque no se degradan con facilidad y se acumulan tanto en el ambiente como en nuestro organismo. Se trata de compuestos sintéticos perfluoroalquilados y polifluoroalquilados y, en la actualidad, se utilizan por miles en multitud de sectores (procesado de alimentos, industria textil, fabricación de materiales sanitarios…). «Las PFAS permanecen en nuestro cuerpo durante mucho tiempo: algunas necesitan cinco años para que su concentración se reduzca a la mitad. Otras, en cambio, necesitan más de 60 años», comenta la doctora Amaia Irizar.

Sin embargo, se han realizado pocos estudios epidemiológicos sobre la exposición fetal a estos compuestos y sus efectos en el desarrollo de la pubertad. Un equipo investigador del Instituto de Investigación Sanitaria Biogipuzkoa y la Euskal Herriko Unibertsitatea (EHU)  ha medido durante el primer trimestre de embarazo las concentraciones de las cuatro PFAS más abundantes en la sangre de mujeres embarazadas y, posteriormente, las ha relacionado con el desarrollo de la pubertad de sus hijos e hijas. La investigación se ha llevado a cabo en el marco del proyecto INMA (Infancia y Medio Ambiente), una red de investigación española que analiza cómo los agentes contaminantes presentes en el aire, el agua y los alimentos afectan al desarrollo de embriones, recién nacidos y niños y niñas.

De esta forma, se ha estudiado la exposición prenatal a los compuestos PFHxS, PFOA, PFOS y PFNA, relacionándola con el inicio de la pubertad en el caso de 492 parejas madre-hija y 475 parejas madre-hijo. «Hemos estudiado estas sustancias tanto de forma individual como conjunta (la mezcla de las cuatro) y su relación con la pubertad temprana; además, hemos analizado por separado a niñas y niños, y hemos tenido en cuenta su índice de masa corporal», señalan las investigadoras.

No han determinado una tendencia general

No se ha detectado ninguna tendencia general en la relación entre estas sustancias y el desarrollo de niños y niñas: «Según hemos podido ver, a medida que aumenta la concentración de algunas PFAS, también aumenta el riesgo de pubertad precoz; sin embargo, dependiendo del tipo de PFAS, se detectan relaciones diferentes según el sexo y las distintas fases del desarrollo», explican.

Por ejemplo, en los casos en los que la concentración en sangre de PFAS (incluidos los cuatro tipos) era mayor, observaron una mayor tendencia a una pubertad temprana en ambos sexos, siendo esa relación significativa en los niños. En lo que respecta al PFHxS, se asoció con un mayor riesgo de adrenarquia temprana en niñas (es decir, un adelanto en la fase que provoca cambios en el vello, la piel y el olor corporal). Cuando la concentración de PFOS en sangre materna era mayor, el equipo la relacionó con un inicio algo más precoz de la pubertad en niños. No obstante, en el caso de las niñas, este aumento se asoció con una gonadarquia más tardía (es decir, un retraso en la fase relacionada con los cambios en las glándulas sexuales). «Esto tiene su lógica, ya que, dependiendo del sexo, el desarrollo hormonal es diferente», señalan. En cualquier caso, han aclarado que las relaciones no son «muy elevadas, es decir, no hemos podido concluir que el riesgo aumente de forma significativa».

Las investigadoras han prestado especial atención al peso: según han observado, en los casos en los que se detectó una relación entre un PFAS y el inicio de la pubertad, esta era más determinante en niños y niñas con sobrepeso u obesidad. En otras palabras: «Si una PFAS ha afectado al inicio de la pubertad, sus efectos han sido mayores en casos de sobrepeso u obesidad».

En conclusión, «los resultados no han mostrado ninguna prueba concluyente que relacione la exposición prenatal a PFAS con cambios en el inicio de la pubertad, pero las evidencias coinciden en que estas sustancias pueden provocar alteraciones en el sistema endocrino, lo que justifica la realización de más estudios», aclara el equipo. Este trabajo ha aportado nuevas evidencias al estudio de las PFAS; hasta ahora se habían llevado a cabo pocos estudios de cohortes sobre este tema «para comprobar si la exposición durante el embarazo puede tener algún efecto en el inicio de la pubertad en niños y niñas». Además, por ahora existen pocos estudios que hayan analizado un grupo de PFAS en conjunto. Por tanto, teniendo en cuenta el impacto de las PFAS en la biología y su omnipresencia, «debemos realizar estudios más amplios y a largo plazo para aclarar esta asociación y sus posibles consecuencias para la salud pública», comentan.

Referencia bibliográfica

Sara Lopez de Calle, Aitana Lertxundi, Oihane Alvarez, Maria-Jose Lopez-Espinosa, Carmen Freire, Monica Guxens, Thomas Schettgen, Bruno Le Bizec, Jean-Philippe Antignac, Martine Vrijheid, Eliana Marcela Palacios, German Cano-Sancho, Amaia Irizar. Association between prenatal exposure to per- and polyfluoroalkyl substances and pubertal development in boys and girls in the Spanish INMA cohort. Environmental Research. DOI: 10.1016/j.envres.2026.124095