El grupo Salud Pública y Epidemiología Ambiental del Instituto de Investigación Sanitaria Biogipuzkoa, y miembros del grupo Basque Environmental Health Research Group (B-EHRG) de la Euskal Herriko Unibertsitatea (EHU), ha analizado el efecto del acoso escolar sobre la composición corporal. Las y los investigadores Izaro Babarro, Ainara Andiarena, Jesus Ibarluzea, Maialen Otamendi, Nerea Lertxundi, junto a investigadoras de ISGlobal, han realizado este trabajo, cuyos resultados se han publicado en la revista científica internacional European Child & Adolescent Psychiatry.

 

La evidencia científica previa indica que el bullying y la obesidad son dos importantes problemas de salud pública durante la infancia y la adolescencia, tanto por su elevada prevalencia como por las consecuencias que pueden tener a corto y largo plazo. La mayoría de los estudios que han analizado la relación entre ambos fenómenos se han centrado en investigar si el estado físico (el peso o el índice de masa corporal – IMC) aumentan la probabilidad de que una niña o un niño o un adolescente sea víctima de acoso escolar.

Este nuevo estudio, sin embargo, se plantea la pregunta contraria: “¿puede el bullying alterar la composición corporal y afectar a la salud?”, ya que cada vez hay más evidencia de que sufrir algún tipo de estresor en edades tempranas puede condicionar la salud. De hecho, diferentes estudios han observado que las personas que sufren algún tipo de maltrato (incluido el acoso escolar) durante la infancia tienen mayor riesgo de desarrollar sobrepeso u obesidad, tanto durante la infancia como en la vida adulta. Además, ya se sabía que otras experiencias de estrés intenso en la infancia, como el maltrato o diversos traumas, pueden modificar la forma en la que el organismo almacena la grasa, favoreciendo una mayor acumulación de grasa abdominal. Una de las posibles explicaciones de esta relación es la respuesta fisiológica al estrés. Estresores sociales como el acoso escolar pueden alterar el funcionamiento del eje hipotálamo-hipófisis-adrenal y modificar la producción de cortisol, la principal hormona implicada en la respuesta al estrés. A su vez, el cortisol participa en la regulación del metabolismo, el apetito y la distribución de la grasa corporal.

Hasta el momento, solo un estudio ha analizado el papel mediador del estrés en esta asociación. Aquel estudio exploró el papel del estrés percibido, y no la respuesta fisiológica al estrés, observándose que el estrés relacionado con el clima escolar podía influir en el IMC, aunque únicamente en las niñas. Por lo tanto, partiendo de estos antecedentes, este nuevo estudio tuvo como objetivo analizar si el acoso escolar se asocia con el IMC y el porcentaje de grasa corporal, y evaluar si el cortisol podría actuar como el mecanismo biológico que explique, al menos en parte, esta relación.

Para ello, en este estudio se analizó a un grupo de niños y niñas de edad preadolescente para entender mejor si el acoso escolar puede dejar huella también en el cuerpo, y no solo en el bienestar emocional. Se preguntó a las y los participantes si habían sufrido bullying en los meses previos y se midieron diferentes indicadores de composición corporal (como el IMC y el porcentaje grasa corporal), así como los niveles de cortisol en cabello, como indicadores de estrés crónico.

Los resultados apuntaron a que el cortisol podría estar relacionado con el porcentaje de grasa corporal en las y los menores que sufren acoso escolar. Sin embargo, la relación observada no fue lo suficientemente fuerte como para poder afirmar con seguridad que el cortisol sea uno de los mecanismos que explican este efecto.

 

Así, los resultados del estudio sugieren que las consecuencias del bullying sobre la salud son complejas y que en las mismas intervienen múltiples factores. A pesar de que no se puede afirmar con rotundidad, parece que el cortisol podría ser uno de los mecanismos involucrados en el impacto que el acoso escolar deja sobre el peso. Por ello, es importante seguir investigando los mecanismos están implicados para poder diseñar estrategias de prevención e intervención más eficaces. Además, este estudio refuerza la idea de que el bullying debe abordarse como un problema de salud, además de educativo y social. Detectar y prevenir el acoso escolar puede contribuir no solo a mejorar la salud mental de los menores, sino también a prevenir posibles consecuencias sobre su salud física.

 

En palabras del grupo investigador “realizar este trabajo ha supuesto una oportunidad para comprender mejor cómo las experiencias de acoso escolar pueden influir en la salud de los menores desde diferentes perspectivas y continuar investigando el acoso escolar desde una mirada de salud pública y perspectiva biopsicosocial.” Además, esperan que “estos hallazgos contribuyan a sensibilizar sobre el impacto del bullying, y que nuestro estudio sirva como punto de partida para futuras investigaciones que permitan comprender mejor cómo el estrés derivado del acoso afecta a la salud a largo plazo.” Por último, las y los investigadores muestran su agradecimiento y reconocimiento a todas las familias participantes en el proyecto INMA, que hacen posible este tipo de estudios.