Profesionales del grupo Ictus del Instituto de Investigación Sanitaria Biogipuzkoa y la OSI Donostialdea, han demostrado la utilidad de ampliar el área de visión en una prueba rutinaria de imagen cuando se atiende un ictus, obteniendo resultados valiosos para la mejora de su manejo clínico. Este trabajo lo han hecho posible las compañeras y compañeros, Patricia de la Riva, Noemí Diez, Felix Gonzalez, Ana de Arce, Cristina del Bosque, Jon Equiza y Maite Martinez-Zabaleta, entre otras y otros, y los resultados del mismo se han publicado en la revista científica internacional Journal of Neurology.

El ictus cardioembólico representa aproximadamente un tercio de los casos de ictus, que se producen al bloquearse un vaso sanguíneo en el cerebro por un coágulo. En este contexto, la aurícula izquierda y su orejuela (una estructura de la aurícula que sirve para controlar el volumen en sangre) son lugares comunes de formación de trombos. Tradicionalmente, la prueba de referencia para detectar estos trombos es el ecocardiograma transesofágico (ETE), pero es una prueba semi-invasiva. Por otro lado, la angio-TC (CTA), que se realiza sistemáticamente como parte del protocolo estándar del código ictus, se limita habitualmente a un rango que llega solo hasta la parte superior del corazón, lo que impide visualizar estas estructuras críticas donde se originan la mayoría de los coágulos. Ante esta limitación, en este estudio se planteó si ampliar ligeramente el rango de la CTA convencional a estas zonas en las que se generan con frecuencia los trombos, permitiría identificar de forma precoz y no invasiva las mismas.

Por lo tanto, el objetivo principal de esta investigación fue evaluar la viabilidad y el valor diagnóstico de ampliar el rango de adquisición de la angio-TC (CTA) durante el protocolo de urgencia por ictus, con la intención de determinar si una extensión mínima hacia el tórax permitía la detección precoz y sistemática de trombos en la aurícula y orejuela izquierda (principales fuentes de obstrucción en el corazón) sin comprometer los tiempos de respuesta del ‘Código Ictus’. Asimismo, el estudio pretendía analizar si la presencia de estos defectos de llenado detectados de forma temprana se correlacionaba con una mayor gravedad clínica y un peor pronóstico para el paciente.

Para ello, se diseñó un estudio observacional llevado a cabo entre diciembre de 2020 y noviembre de 2021 en el Hospital Universitario Donostia. Para este trabajo, se optimizó el protocolo de imagen del «Código Ictus» para detectar a tiempo el origen de la lesión. Concretamente, en lugar de escanear solo hasta la parte superior del pecho, como es habitual, los investigadores ampliaron el área de visión 4 centímetros hacia abajo para poder ver el corazón (específicamente la aurícula y su orejuela). Esto permitió observar, de manera temprana, si existían coágulos o fallos en el flujo de sangre en el corazón que pudieran ser los causantes del ictus.

En total, se incluyeron 299 pacientes y los resultados confirmaron que esta pequeña modificación aporta información muy valiosa, ya que se detectaron trombos o sospechas de ellos en un número significativo de pacientes (13%). Lo más relevante fue que aquellos pacientes en los que se encontraron estos defectos en el corazón, presentaban ictus más graves y tenían un mayor riesgo de fallecer en los meses siguientes, siendo la mortalidad a los tres meses del 29% en los pacientes con estos defectos, frente a solo un 6% en quienes no los tenían. Gracias a este hallazgo temprano, el equipo médico pudo identificar desde el primer minuto a los pacientes con mayor riesgo y ajustar el tratamiento de forma inmediata para mejorar su evolución y evitar que el ictus se repitiera.

Se puede concluir, por tanto, que la inclusión de la aurícula y orejuela izquierda en la CTA aguda permite la identificación temprana de trombos y otros defectos de llenado sin demorar el tratamiento del ictus. Además, estos hallazgos están vinculados a peores resultados clínicos (mayor gravedad y mortalidad). Por último, la detección precoz tiene implicaciones terapéuticas potenciales, como la indicación temprana de anticoagulación o el cierre de la orejuela izquierda. Por lo tanto, el mayor beneficio para las y los pacientes radica en la posibilidad de obtener un diagnóstico de la causa del ictus «en tiempo real» durante la primera prueba de imagen en urgencias, sin esperas ni procedimientos invasivos adicionales. Al identificar precozmente la presencia de trombos en el corazón, el equipo médico puede personalizar el tratamiento de forma inmediata, iniciando la anticoagulación necesaria para evitar que el ictus se repita y garantizando una vigilancia más estrecha de aquellos pacientes con mayor riesgo de complicaciones, lo que en última instancia mejora sus probabilidades de supervivencia y recuperación funcional.

El grupo de investigación asegura que “al realizar este trabajo, el equipo siente la satisfacción de haber validado una mejora práctica y de bajo coste que permite transformar una prueba de rutina en una herramienta diagnóstica mucho más potente, con la esperanza de que estos resultados impulsen un cambio en los protocolos internacionales. El objetivo final es que la visualización de la aurícula izquierda se convierta en el estándar de atención inicial, permitiendo a los especialistas tomar decisiones terapéuticas más rápidas y seguras que reduzcan la incertidumbre de los primeros días y mejoren directamente la supervivencia y la calidad de vida de los pacientes”.