El investigador Oscar Vegas del grupo de Salud Pública y Epidemiología Ambiental del Instituto de Investigación Sanitaria Biogipuzkoa y de la Euskal Herriko Unibertsitatea (EHU), junto a las y los investigadores de la EHU y de la Universidad Pública Navarra Garikoitz Azkona, Alina Díez-Solinska, Oihane Saez-Atxukarro, Luna Ochoteco-Perales y Garikoitz Beitia-Oyarzabal, ha concluido que los cerebros de ratones procesan de manera distinta las interacciones sociales según el sexo, aunque el comportamiento sea similar. Los resultados de este trabajo se han publicado en la revista científica internacional Journal of Neurochemistry.

 

Era conocido que una simple interacción social era capaz de activar en pocos minutos los sistemas que regulan el estrés y el funcionamiento del cerebro. También existían numerosos indicios de que hombres y mujeres no respondían exactamente igual a este tipo de experiencias. Sin embargo, apenas se conocía cómo esas diferencias se reflejan en la actividad química de distintas regiones del cerebro inmediatamente después de un encuentro social. Así, el objetivo de este trabajo fue responder a una pregunta muy concreta: “¿una experiencia social breve deja una huella química diferente en el cerebro de machos y hembras?”.

Para responder esa pregunta, el grupo de investigación analizó simultáneamente comportamiento, hormonas y múltiples neurotransmisores en diferentes regiones cerebrales de ratones. Para ello, se estudiaron ratones adultos machos y hembras después de una breve interacción social con otro animal desconocido. A continuación, se analizaron tres niveles de respuesta: su comportamiento, las hormonas presentes en la sangre y la actividad de diferentes sistemas químicos del cerebro relacionados con el estrés.

El resultado más llamativo que obtuvieron en estos experimentos fue que machos y hembras se comportaban de forma muy parecida durante la interacción, pero sus cerebros respondían de manera claramente distinta. Cada región cerebral mostró un patrón específico de activación y esas diferencias dependían del sexo. Según las y los investigadores “esto indica que dos individuos pueden mostrar una conducta similar mientras su cerebro está utilizando estrategias biológicas diferentes para procesar la misma experiencia”.

Por lo tanto, la conclusión principal de este trabajo fue que una interacción social breve es suficiente para activar una cascada de cambios hormonales y cerebrales, pero machos y hembras no procesan esa experiencia de la misma manera a nivel cerebral. Cada región del cerebro analizada tuvo su propio estilo de respuesta, y esas diferencias pueden influir en cómo cada sexo gestiona el estrés, la motivación, la memoria o la regulación emocional. Así, estos resultados refuerzan la necesidad de incorporar ambos sexos en la investigación biomédica para comprender mejor el funcionamiento normal del cerebro y el origen de numerosos trastornos neuropsiquiátricos.

Aunque este estudio se realizó en ratones, ayuda a comprender mejor cómo el cerebro responde a las experiencias sociales y por qué hombres y mujeres pueden presentar diferente vulnerabilidad frente a trastornos relacionados con el estrés, como son la ansiedad o la depresión. Comprender estas diferencias es un paso necesario para desarrollar en el futuro estrategias preventivas y tratamientos más personalizados, teniendo en cuenta el sexo como un factor biológico relevante. Además, el trabajo identifica cambios neuroquímicos muy tempranos que podrían servir como punto de partida para futuras investigaciones sobre biomarcadores y nuevas dianas terapéuticas.

Como reconoce el grupo investigador “este trabajo supone varios años de investigación y refleja nuestra forma de entender la neurociencia: integrar comportamiento, hormonas y neuroquímica para obtener una visión mucho más completa de cómo responde el cerebro. Nos ilusiona especialmente haber demostrado que dos individuos pueden comportarse de forma muy similar mientras su cerebro está funcionando de manera muy diferente”. Esperan que “este estudio contribuya a que las diferencias biológicas entre sexos se incorporen de forma sistemática en la investigación biomédica y ayude a comprender mejor cómo las experiencias sociales moldean el cerebro desde los primeros minutos.”

 

Este estudio fue financiado por el Gobierno Vasco a través del proyecto IT1447‑22. Además, este trabajo es fruto de la colaboración entre la Euskal herriko Unibertsitatea (EHU), Biogipuzkoa y la Universidad Pública de Navarra, combinando experiencia en comportamiento animal, endocrinología y neuroquímica cerebral.