El grupo Epidemiología Infecciosa y Resistencia Antimicrobiana del Instituto de Investigación Sanitaria Biogipuzkoa ha reexaminado los casos de listerioris ocurridos desde hace más de una década en Gipuzkoa, encontrando conexiones entre casos que hasta ahora no se habían detectado. Este trabajo ha sido realizado por las y los compañeros Pedro Vallejo, Maddi López Olaizola, Diego Vicente y Txema Marimón, junto a investigadores del Instituto Pasteur, cuyos resultados se han publicado en la revista científica internacional BMC Microbiology.

La bacteria Listeria monocytogenes se transmite principalmente a través de los alimentos y, aunque no es muy común, puede provocar la enfermedad denominada listeriosis, que puede ser grave en mujeres embarazadas y fetos, personas de edad avanzada e inmunodeprimidos. Hasta ahora, cuando aparecían casos de listeriosis, era difícil determinar si se trataban de casos aislados (contagio esporádico) o si formaban parte de un brote causado por un mismo alimento contaminado. Actualmente, con el avance de las técnicas de caracterización molecular, existe una técnica que permite que el estudio de la epidemiología bacteriana sea mucho más preciso: la secuenciación del genoma (ADN) de la bacteria. Esta técnica se ha implantado en el servicio de microbiología del Hospital Universitario Donostia, y está cada vez más difundida en microbiología. Como señala el grupo investigador “En nuestro entorno hay muy pocas investigaciones sobre listeriosis realizadas con esta nueva técnica, por lo que nos planteamos revisar todos los casos desde el 2010 para reestablecer los vínculos epidemiológicos previamente descritos, ahora con mucha mayor precisión.

En este nuevo trabajo, se han analizado los datos de todos los casos de listeriosis que ha habido en Gipuzkoa desde el 2010 hasta el 2022, añadiendo la información del ADN de la bacteria de cada caso. Con esa información añadida, han detectado que más de una tercera parte de los casos (el 36%) que se creían que eran esporádicos estaban, en realidad, relacionados entre sí, o lo que es lo mismo, probablemente tenían una fuente de infección común. Así, se ha descubierto que había grupos de casos causados por el mismo clon de Listeria a lo largo de hasta 9 años, lo que significa que la bacteria puede estar presente en algún lugar de la cadena alimentaria durante mucho tiempo provocando casos a lo largo del tiempo. Además, comparando con información publicada a nivel mundial, se han podido relacionar algunas de estas cepas (subtipos de bacterias) con otras detectadas en otros lugares. La conclusión principal a la que se ha llegado con este estudio ha sido que los métodos tradicionalmente utilizados en vigilancia epidemiológica no permiten tener la imagen completa; y que usando el análisis del ADN (genómica), se han podido detectar relaciones entre casos que antes eran invisibles.

Al poder leer el ADN completo de la bacteria, se puede saber con seguridad si la infección en una persona tiene relación con otros casos, aunque hayan pasado meses entre los mismos. Esto es clave, porque permite al personal profesional obtener pistas mucho más claras para rastrear la bacteria a lo largo de toda la cadena alimentaria. “Si somos capaces de conectar los casos con rapidez, podemos localizar mucho antes el alimento o el lugar exacto donde está el foco de la infección. Al encontrar el origen tan rápidamente se pueden tomar medidas inmediatas para solucionar el problema, como retirar los productos contaminados del mercado, lo que evitará el contagio de más personas y que acabe convirtiéndose en un brote grave” explican desde el grupo investigador.

Reconocen que “para nosotros es una gran satisfacción haber aportado tanta información nueva sobre cómo se comporta la listeriosis clínica en nuestro entorno. Con este estudio, confiamos en que se empiece a valorar mucho más el uso de la genómica para vigilar esta y otras infecciones, que se implemente como referencia en los protocolos de vigilancia y que se promueva su aprendizaje entre los profesionales. Nuestro deseo es que estos resultados ayuden a que la colaboración entre médicos, veterinarios y expertos en seguridad alimentaria sea cada vez más estrecha, en el marco del One Health. Este trabajo en equipos multidisciplinares es la mejor manera de mejorar la seguridad de los y las pacientes y de las personas que más riesgo tienen de enfermar”. Por último, el grupo de investigación agradece “a nuestros compañeros de los equipos de microbiología y salud pública de Donostia (laboratorio de Microbiología del Hospital Donostia) y París (Instituto Pasteur, Unidad de la Biología de la Infección y Centro Nacional de Referencia en listeriosis) por su gran e imprescindible ayuda para este estudio. También queremos hacer un reconocimiento especial al personal técnico de ambos laboratorios, ya que su trabajo ha sido fundamental para que esta investigación saliera adelante.