El grupo Neuroinmunología del Instituto de Investigación Sanitaria Biogipuzkoa ha concluido que el envejecimiento del sistema inmunitario en personas con esclerosis múltiple es diferente. Andrea Iribarren-López, Laura Martins-Almeida, Tamara Castillo-Triviño, Álvaro Prada, Ainhoa Alberro, y David Otaegui, junto a investigadores del centro Children’s Medical Research Institute en Sídney, han realizado este estudio, cuyos resultados se han publicado en la revista científica internacional Frontiers in Immunology.
La esclerosis múltiple (EM) es una enfermedad autoinmune crónica que ataca el sistema nervioso central, causando inflamación y daño cerebral progresivo. En las últimas décadas y gracias a los nuevos tratamientos, la esperanza de vida de las personas con EM ha aumentado. Aunque la edad de aparición habitual es en adultos jóvenes (alrededor de los 32 años), un cuarto de las personas con EM son mayores de 65 años. Partiendo de esta premisa, el grupo de investigación se propuso caracterizar cómo el proceso de envejecimiento modula la respuesta inmunitaria en pacientes con esclerosis múltiple.
Se sabe que el envejecimiento natural provoca un deterioro del sistema inmunitario, un proceso que se conoce como inmunosenescencia. Sin embargo, no se comprendía del todo cómo la EM, que ya altera el sistema inmunitario, interactúa con el envejecimiento. Por lo tanto, el objetivo de este nuevo trabajo fue caracterizar y comprender los cambios inmunológicos que ocurren con la edad en personas con EM.
Para ello, se llevó a cabo una caracterización completa del sistema inmunitario, utilizando múltiples biomarcadores, en muestras de sangre de personas con EM y de personas sanas, para analizar distintos aspectos. En primer lugar, se analizaron las proporciones y características de las células inmunitarias según la edad, así como la degeneración del timo, órgano clave en la maduración de los linfocitos T cuya función decae con el tiempo. Además, se analizó el acortamiento de los telómeros, que son los extremos de los cromosomas y protegen el ADN, y que se degradan con la edad. Por último, se analizó en el plasma los niveles de marcadores de inflamación crónica y del marcador de daño neuronal llamado NFL.
Los resultados más destacados fueron que, por un lado, existen alteraciones distintivas en varios grupos de células inmunitarias entre personas con EM y personas sanas, particularmente en las células B y NK. Además, en las células T, las células activas y las “envejecidas” incrementaban con la edad solo en las personas con EM. Esto sugiere que la trayectoria de envejecimiento celular puede estar alterada. Por otro lado, el grupo investigador observó una involución más pronunciada del timo en las personas con EM jóvenes en comparación a controles sanos de su edad. Esto podría sugerir que un elemento clave del sistema inmunitario envejece prematuramente en el contexto de esta enfermedad.
En cuanto a los telómeros, observaron que su longitud disminuye con la edad de forma similar en personas sanas o con EM. Por último, vieron que hay ciertos marcadores de inflamación crónica que aumentan con la edad solo las personas con EM. El daño neuronal aumentó con la edad, tanto en las personas con EM como en las que no tienen la enfermedad. Descubrieron que, en las personas con EM, cuanto más alto era el nivel de daño neuronal, más altos eran también los marcadores de inflamación. Esta correlación es específica de la EM y, por lo tanto, demuestra que la inflamación crónica está directamente relacionada con el daño neurológico.
Así, el grupo de investigación concluye que “el envejecimiento del sistema inmunitario en la EM no es un proceso independiente, sino que presenta alteraciones específicas y potencialmente aceleradas por la enfermedad. Hemos revelado una compleja interacción entre el envejecimiento biológico y la disfunción inmunológica propia de la EM, marcada por la senescencia prematura de algunas células de defensa y del timo. Estos resultados subrayan la compleja relación entre la edad y la desregulación inmunológica en la EM y destacan la necesidad de más investigación para entender completamente los mecanismos que impulsan estos cambios inmunológicos relacionados con la edad y cómo impactan en la enfermedad.”
Por lo tanto, el impacto potencial en las y los pacientes de este trabajo puede ser muy relevante, ya que subraya la necesidad de un enfoque más personalizado en el tratamiento. Por un lado, los marcadores de envejecimiento inmunitario que han sido identificados podrían usarse para determinar el estado del sistema inmunitario del paciente. Es decir, monitorear estos marcadores podría ayudar a personalizar el seguimiento de cada paciente. Por otra parte, este trabajo sienta las bases para futuras intervenciones que integren el envejecimiento inmunitario en la toma de decisiones clínicas. El objetivo final sería desarrollar terapias más efectivas para ralentizar la acumulación de discapacidad en las personas con esclerosis múltiple.
Las y los investigadores de este estudio reconocen que “este trabajo representa la finalización de un gran esfuerzo impulsado por un objetivo claro: entender mejor cómo el envejecimiento influye en la esclerosis múltiple. Sentimos una gran satisfacción al generar este nuevo conocimiento, especialmente porque arroja luz sobre un grupo de pacientes que históricamente ha estado un tanto desatendido, especialmente por las limitadas opciones terapéuticas.” Destacan que “este trabajo ha sido posible gracias a un amplio número de participantes de inestimable generosidad, a quienes estamos profundamente agradecidas y agradecidos por su colaboración. Sin su participación, nuestro trabajo no sería posible.” Además, esperan que “este nuevo conocimiento sirva como un punto de partida para que la comunidad científica se plantee nuevas preguntas y, lo que es más importante, que conduzca a un cambio en el manejo clínico de la EM. También esperamos que los resultados contribuyan a desarrollar terapias más individualizadas que tengan en cuenta la edad biológica de cada persona, mejorando en última instancia la calidad de vida de las personas con EM.”
Este trabajo ha sido posible a la financiación P-FIS y Sara Borrell del Instituto de Salud Carlos III y al Departamento de Salud del País Vasco (2022111029). Además, parte del trabajo ha sido llevado a cabo en colaboración con el grupo de “Telomere Lenght Regulation Unit” del Children’s Medical Research Institute en Sidney, Australia.





