Investigadoras del grupo Salud Pública y Epidemiología Ambiental del Instituto de Investigación Sanitaria Biogipuzkoa ha analizado la presencia de los compuestos perfluoroalquilados en niñas y niños y adolescentes de Urola y Goierri. Este trabajo ha sido posible gracias a Anne San Román, Eunate Abilleira, Belen González-Gaya, Juan Francisco Ayala-Cabrera, Ziortza Barroeta, Nestor Etxebarria y Amaia Irizar; y los resultados de esta investigación se han publicado en la revista científica internacional Environmental Research.
Los compuestos perfluoroalquilados (PFAS) son un grupo de sustancias químicas sintéticas ampliamente utilizadas en diversas industrias y productos de consumo. En los últimos años, su uso generalizado, junto con su alta persistencia y movilidad, ha provocado una contaminación ambiental global y su consiguiente bioacumulación en humanos. Aunque las principales fuentes de exposición a PFAS identificadas son la dieta y el agua potable, diversos estudios han demostrado que esta exposición puede comenzar en las primeras etapas de la vida, ya que los PFAS pueden atravesar la barrera placentaria y transmitirse también a través de la lactancia materna.
En este contexto, los fetos y la población infantil son especialmente vulnerables a estos compuestos, dado que las primeras etapas del desarrollo pueden determinar la salud en la edad adulta y, además, la exposición en etapas tempranas del desarrollo puede provocar efectos adversos incluso a concentraciones más bajas que las que afectarían a las personas adultas.
Estudios previos realizados en madres de la cohorte INMA-Gipuzkoa durante el primer trimestre del embarazo mostraron niveles cuantificables de varios PFAS, concretamente PFNA, PFOA, PFHxS y PFOS. Por ello, el grupo investigador planteó la necesidad de mapear la exposición a PFAS en las niñas y los niños durante etapas clave del desarrollo (a los 4, 8 y 14 años), con el objetivo de evaluar la exposición temprana e identificar factores asociados a los niveles de exposición para poder evaluar los potenciales efectos en la salud. Además, el grupo investigador no se limitó únicamente a los cuatro PFAS previamente analizados en las madres, sino que, dado que las industrias han comenzado a desarrollar nuevos compuestos en respuesta a las regulaciones emergentes, decidieron ampliar el alcance del estudio e incluir en la lista de monitorización tanto PFAS emergentes como precursores. Esta ampliación resulta esencial para reflejar mejor el escenario actual de exposición y anticipar posibles riesgos asociados a sustancias que todavía no han sido ampliamente reguladas o estudiadas.
En este nuevo estudio longitudinal se analizaron muestras de sangre (plasma) de 207 niñas y niños a los 4 años, 241 niñas y niños a los 8 años y 167 adolescentes a los 14 años de dos zonas de Gipuzkoa (Urola y Goierri), recogidas entre 2011 y 2022 dentro de la cohorte de nacimiento INMA Gipuzkoa. El objetivo fue medir la presencia de 42 PFAS de diferentes familias con relevancia ambiental.
Se encontraron 18 tipos distintos de PFAS, incluyendo tanto los más conocidos como algunos nuevos y otros que son precursores (sustancias que pueden transformarse en PFAS más persistentes dentro del cuerpo o el medio ambiente). Los PFAS que aparecieron con mayor frecuencia fueron el PFOS, PFOA, PFNA, PFDA y PFHxS, detectados en un 70 % a 97 % de las niñas y niños. Las y los niños de 4 años presentaron las tasas más altas de detección. Además, se observó que al llegar a la adolescencia aumentaba la presencia de ciertos PFAS de cadena corta, lo que sugiere que la forma en que los y las niñas están expuestas a estas sustancias cambia con la edad.
Los niños y las niñas de la comarca del Urola mostraron niveles más altos de PFAS, y en un 26 % a 35 % de las y los adolescentes de 14 años se superaron los límites de exposición crónica recomendados por la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria para cuatro de estos compuestos. En particular, los niveles de PFOA aumentaron entre los 8 y los 14 años en esta zona, lo que indica que hubo exposición entre esos dos momentos. Además, no se encontraron grandes diferencias entre niños y niñas en la cantidad total de PFAS, aunque sí se detectaron niveles algo más altos en los chicos de 14 años para algunos compuestos específicos.
Según las estimaciones de riesgo realizadas a partir de datos publicados por otros estudios, la mayoría de las niñas y los niños no se encontraría en una situación de riesgo grave, aunque sí podría haber un riesgo moderado de efectos en el hígado o en el desarrollo en alguno de las niñas y los niños. Por último, los análisis estadísticos mostraron que los niveles de PFAS en las madres durante el embarazo y el tiempo de lactancia estaban relacionados con los niveles de PFAS en las niñas pequeñas y los niños pequeños. Sin embargo, a medida que las niñas y los niños crecen, los factores ambientales, como la zona donde viven, influyen más. El nivel socioeconómico de las madres y los padres no se relacionó de forma significativa con la exposición a PFAS en este estudio.
Por lo tanto, este estudio demuestra que los PFAS están presentes en poblaciones vulnerables, como niñas, niños y adolescentes, y persisten a lo largo de su desarrollo. Aunque muchos PFAS de cadena larga están regulados o prohibidos, siguen detectándose, aunque con una tendencia a la baja. Sin embargo, se observa un aumento de la presencia de PFAS de cadena corta y nuevos compuestos en muestras recientes, lo que indica la necesidad de incluirlos en futuros estudios y regulaciones.
Se destacaron diferencias importantes en los niveles de PFAS entre dos regiones geográficamente cercanas, siendo la comarca de Urola la que mostró niveles más elevados de PFOA a los 14 años. Esto subraya la importancia de realizar biomonitorización regular para detectar cambios, incluso pequeños, que pueden representar riesgos significativos.
Aunque la exposición a PFAS se ha relacionado con efectos hepáticos y en el desarrollo en previos estudios, los índices de riesgo calculados en este trabajo fueron generalmente bajos o moderados, a pesar de que muchos niveles medidos superan las recomendaciones oficiales. Esto apunta a la necesidad de un mayor consenso entre los límites regulados y los usados para evaluar riesgos. Los modelos estadísticos indicaron que los niveles de PFAS en madres y la duración prolongada de la lactancia (>24 semanas) son factores clave para la exposición en la primera infancia. Además, la zona de residencia afecta los niveles, siendo Urola la región con concentraciones más altas, especialmente de PFOA.
En conjunto, esta investigación destaca la urgencia de reforzar regulaciones y realizar estudios de biomonitorización para proteger a futuras generaciones. También contribuye a cubrir la falta de estudios sobre PFAS en el sur de Europa, complementando la investigación internacional y enriqueciendo el conocimiento con datos sobre exposiciones tempranas a disruptores endocrinos como los PFAS.
Como este trabajo aporta información clave sobre la presencia y evolución de PFAS en niñas, niños y adolescentes, poblaciones que son especialmente vulnerables, puede ayudar a identificar riesgos potenciales para su salud a largo plazo. Asimismo, estos resultados pueden contribuir a mejorar las recomendaciones sanitarias y ambientales para reducir la exposición, protegiendo así a las personas de posibles efectos adversos relacionados con PFAS. Además, al detectar zonas geográficas con mayores niveles de contaminantes, este estudio puede orientar intervenciones más específicas y efectivas en regiones concretas. En última instancia, este trabajo busca sentar las bases para políticas públicas más rigurosas que garanticen un entorno más seguro para las niñas, los niños y los adolescentes, mejorando su calidad de vida y bienestar futuro.
En palabras del grupo investigador “Sentimos una gran responsabilidad y compromiso al trabajar con datos que afectan la salud de las generaciones más jóvenes, sabiendo que nuestra labor puede influir en su protección y bienestar. Hacer este trabajo nos ha permitido profundizar en un tema complejo y emergente, contribuyendo al conocimiento científico sobre contaminantes que todavía no están suficientemente regulados ni estudiados en nuestra región”. Añaden que “Esperamos que los resultados sirvan para aumentar la conciencia pública y científica sobre los riesgos de la exposición a PFAS, fomentando una mayor vigilancia ambiental y cambios normativos que reduzcan la exposición. También deseamos que esta investigación inspire futuros estudios y colabore con otros grupos para crear estrategias integrales de prevención y mitigación”.
Este trabajo ha sido financiado por la Agencia Estatal de Investigación (AEI) de España y el Fondo Europeo de Desarrollo Regional (FEDER) a través del proyecto AQUASOMIC PID2020–117686RB-C31, el Departamento de Salud del Gobierno Vasco (PID 2021111053) y el Gobierno Vasco como grupo consolidado del Sistema Vasco de Investigación (IT1446–22). También agradecemos al proyecto Infancia y Medio Ambiente (INMA) y a todas las personas participantes y sus familias por formar parte de este estudio. Asimismo, apreciamos enormemente la valiosa contribución de todas las personas integrantes del proyecto INMA, así como la participación de los ayuntamientos locales, y las y los investigadores del proyecto INMA. ASR agradece al Gobierno Vasco la concesión de la beca predoctoral PRE_2024_2_0103. JFAC agradece a la Universidad del País Vasco (UPV/EHU), al Ministerio de Universidades y a la Unión Europea (Next Generation EU) la beca posdoctoral María Zambrano. BGG agradece a Ikerbasque – Basque Foundation for Science su Research Fellowship.






