Investigadores del Instituto de Investigación Sanitaria Biogipuzkoa han analizado el coste sanitario de las personas con demencia en Gipuzkoa y han evaluado si reciben una atención equitativa. Las y los investigadores Javier Mar, Marisa Merino, Myriam Soto-Gordoa, Oliver Ibarrondo y Lore Zumeta-Olaskoaga han participado en este trabajo, cuyos resultados se han publicado en la revista científica Gaceta Sanitaria.
Está reconocido que la demencia representa un importante reto para la salud pública. No se trata solo de un trastorno neurocognitivo, sino de una afección que afecta gravemente la autonomía, la comunicación, la salud física y la participación social de las personas. Estos efectos a menudo dificultan que las personas comuniquen sus propias necesidades, lo que aumenta su vulnerabilidad.
Investigaciones previas sugieren que las personas con Alzheimer y demencias relacionadas tienden a tener menos acceso a la atención sanitaria y pueden recibir menos atención de la que necesitan. Sin embargo, en Gipuzkoa, no estaba claro si existía esta disparidad y, de ser así, qué factores podrían estar impulsando esta inequidad. Es por ello que el objetivo de este trabajo ha sido analizar el uso de los recursos sanitarios por parte de las y los guipuzcoanos mayores de 60 años e investigar si existían diferencias en función de factores relevantes como la presencia de síntomas neuropsiquiátricos, el género, el nivel socioeconómico y otras situaciones de salud (comorbilidades). Las y los autores del trabajo buscaban comprender cómo las personas con y sin demencia utilizan los servicios de atención sanitaria (citas en atención primaria, especialidades, urgencias, ingresos hospitalarios, etc.) para evaluar si la atención que reciben satisface las necesidades de estas personas.
Para realizar este estudio, se han analizado los datos de salud de toda la población mayor de 60 años de Gipuzkoa (más de 215.000 personas), de los registros de Osakidetza a 31 de diciembre de 2022. Para medir y comparar de manera integral el uso de recursos sanitarios tan distintos (desde una consulta hasta una hospitalización), se han utilizado los costes sanitarios como un indicador unificado. Es decir, se ha convertido toda la actividad sanitaria consumida por cada persona (visitas, pruebas, estancias…) en un valor económico común, siguiendo los baremos oficiales de Osakidetza, lo que ha permitido obtener una foto completa y comparable de la atención prestada.
Como era de esperar, las personas con demencia tuvieron un coste sanitario total mayor en el período estudiado, siendo la mediana del coste para una persona con demencia de 1.090 euros, frente a los 587 euros de una persona sin demencia. Esto reflejaría que el colectivo con demencia tiene necesidades sanitarias más complejas y requieren más recursos. Sin embargo, cuando se ajustaron los datos por la necesidad real de atención, es decir, para comparar a personas con necesidades de salud similares (ajustando por edad, nivel socioeconómico, sexo, comorbilidades…), los modelos estadísticos revelaron tres patrones relevantes. Por un lado, las personas con demencia recibieron una atención con menor coste (es decir, usaron menos recursos) que aquellas que tienen síntomas neuropsiquiátricos pero no demencia. El análisis ajustado estimó un uso de 345 euros para el grupo con solo demencia, frente a 496 euros para el grupo con solo síntomas neuropsiquiátricos, en comparación con personas sanas del mismo perfil. Por otro lado, las mujeres mayores recibieron una atención de menor coste que los hombres con necesidades comparables. De media, su consumo sanitario total ajustado fue 85 euros menor. Por último, las personas mayores de 90 años también recibieron menos atención que grupos de edad más jóvenes con necesidades similares.
En conclusión, los datos analizados sugieren que algunos de los grupos más vulnerables (personas con demencia, mujeres muy mayores y nonagenarios) son precisamente los grupos que reciben una menor intensidad de cuidados sanitarios en comparación con otros pacientes de perfil clínico similar. Así, los resultados indican que estos grupos podrían no estar recibiendo toda la atención sanitaria que, en igualdad de necesidad, reciben otros grupos.
Sin embargo, tal y como señalan los y las investigadores “es difícil dar una interpretación única y global de los resultados obtenidos. Una lectura positiva podría ser que el menor uso viene justificado por el hecho de evitar tratamientos innecesarios y el uso excesivo de los servicios sanitarios. Sin embargo, los resultados podrían ser preocupantes si reflejaran un indicio de la ‘Ley de Cuidados Inversos’, es decir, que quienes tienen mayor necesidad tienden a recibir menor atención”. Añaden que “un ejemplo claro de esta posible inequidad es que las personas que tienen tanto demencia como síntomas neuropsiquiátricos reciben menos atención por estos síntomas que aquellas personas que los padecen sin tener demencia. Esto podría indicar que la presencia de demencia hace que otros problemas de salud mental graves se atiendan menos o de forma diferente, quizá porque ‘enmascaran’ la demanda o porque el sistema no responde con la misma intensidad”.
Como siguen explicando “los resultados indican que las personas con demencia, las mujeres y los mayores de 90 años tienden a recibir menos cuidados sanitarios de lo que sus necesidades clínicas justificarían. Este trabajo pretende dar visibilidad a esta situación para que pueda abordarse. Para ello, es fundamental combatir el estigma asociado al deterioro cognitivo, ya que los prejuicios pueden hacer que pacientes y familias no reclamen toda la atención disponible, o que los profesionales sanitarios no la ofrezcan con la misma intensidad. El objetivo final es que este conocimiento contribuya a que estos grupos vulnerables reciban toda la atención necesaria para mantener su calidad de vida, evitando al mismo tiempo tratamientos innecesarios”.
El grupo de autores reconoce que “sentimos que este trabajo es un punto de partida para seguir profundizando e investigando en este tema. Nos gustaría que las investigaciones futuras integraran la perspectiva social y familiar con la clínica. Nuestros análisis, al basarse en costes sanitarios, ofrecen una visión necesariamente parcial. Somos conscientes de que no tiene en cuenta el ecosistema asistencial de los pacientes con demencia, consistente en una combinación de asistencia sanitaria, cuidados informales prestados por las familias y asistencia social prestada por los servicios sociales. Además, nuestro conjunto de datos no incluía variables clave como el estado de soledad, el estado civil y el apoyo familiar”. Añaden que “esperamos que este estudio contribuya a generar más conocimiento y a construir una atención más justa, donde tener demencia no sea un motivo para recibir menos cuidados de los que se necesitan.”
Este estudio fue posible gracias a la financiación por parte de la subvención sin restricciones del Instituto de Investigación Carlos III (PI21/01405) y cofinanciado por la Unión Europea.





