Aprovechando que el día 15 de noviembre se celebra el Día Nacional de enfermedades neuromusculares, nos hemos acercado al grupo de Enfermedades Neuromusculares de nuestro Instituto, codirigido por Adolfo Lopez de Muniain y Amets Saenz, para conocer las investigaciones que realizan en algunas de estas enfermedades.
¿Qué aspectos investigáis en las enfermedades neuromusculares?
La línea de investigación que desarrolla nuestro grupo es específicamente en la distrofia muscular de cinturas LGMDR1 o calpainopatía. Esta distrofia muscular es una enfermedad rara que alcanza una de sus mayores tasas de prevalencia a nivel mundial en Gipuzkoa. Se caracteriza por una degeneración progresiva de las fibras musculares que conlleva un debilitamiento de la musculatura proximal. Aunque la edad de inicio de los síntomas es variable, habitualmente se produce en la adolescencia y tras años de evolución, los pacientes requieren en primer lugar, una silla de ruedas para sus desplazamientos y posteriormente, tareas sencillas cotidianas resultan altamente complicadas de realizar. Desafortunadamente, a día de hoy no se conoce ninguna terapia que cure o siquiera detenga o ralentice la progresión de esta enfermedad.
El origen de esta enfermedad es genético, es decir, es debida a mutaciones en el gen que codifica para la proteína calpaína 3, proteína imprescindible para el correcto funcionamiento del músculo. Los pacientes no producen calpaína 3 o si la sintetizan, no es funcional. Esta proteína es compleja y sus funciones exactas son aún desconocidas.
Nuestro grupo de investigación trata de mejorar el conocimiento del funcionamiento alterado, la fisiopatología, de la fibra muscular en los pacientes. En nuestro trabajo hemos identificado dos rutas de señalización que se hallan alteradas en los pacientes cuya regulación podría ser utilizada como diana terapéutica.
Mientras avanzamos en estos estudios, además buscamos biomarcadores, indicadores del estado de la fibra muscular. Analizar el músculo y su evolución, es complejo, por lo que nos hallamos inmersos en la búsqueda de biomarcadores en muestras de fácil acceso, sangre u orina, para que puedan ser utilizados en futuros ensayos clínicos.
Finalmente, dado que el modelo animal de la enfermedad no recapitula las características clínicas de los pacientes, también llevamos a cabo un proyecto para generar un modelo murino que muestre la sintomatología presentada por los pacientes y así poder evaluar los fármacos más adecuados para futuros tratamientos.
¿En qué puede mejorar estas investigaciones la calidad de vida de las y los pacientes?
Por un lado, la identificación de las alteraciones en el funcionamiento de la fibra muscular, permitiría abrir posibilidades a diferentes tratamientos pues conoceríamos la diana específica en la que podemos actuar dirigiendo diferentes fármacos a cada una de ellas.
Por otro lado, la obtención de biomarcadores permitiría un mejor seguimiento de la evolución de la enfermedad, así como la monitorización de los resultados de los ensayos clínicos de forma objetiva sin necesidad de realizar pruebas invasivas a los pacientes.
La obtención de modelos animales que recapitulen las características de la enfermedad permitirían la utilización de gran variedad de tratamientos para elegir los mejores fármacos que den lugar a una mejora muscular.
Si los resultados obtenidos, con los análisis que continuamos realizando, avalan nuestras hipótesis, podríamos iniciar un ensayo clínico en el futuro con objeto de al menos detener la degenación de la fibra muscular.
¿Qué sentís al hacer este tipo de investigaciones?
Muchísima responsabilidad.
También mucha satisfacción pues estamos trabajando duro con un objetivo que puede cambiar la vida de personas. El trabajo del investigador en complicado, las cosas no siempre salen como esperas y van más despacio de lo que desearías, pero la pasión que sentimos por nuestro trabajo hace que nos levantemos todos los días para continuar, teniendo siempre muy presentes a los pacientes.






