El grupo de Salud Pública y Epidemiología Ambiental del Instituto de Investigación Sanitaria Biogipuzkoa, ha recopilado de manera sistemática las evidencias existentes sobre la relación entre la contaminación del aire y la depresión y la ansiedad. En este trabajo han participado las y los investigadores Ainhoa Bereziartua, Alba Jimeno-Romero, Mikel Subiza-Pérez y Aitana Lertxundi, y los resultados se han publicado en la revista científica internacional Environmental Research.
Es conocido que la contaminación del aire tiene efectos negativos claros sobre la salud física, especialmente a nivel cardiovascular y respiratorio. En los últimos años, diversos estudios han sugerido que también podría afectar a la salud mental, en particular a la depresión y la ansiedad. Sin embargo, la evidencia estaba dispersa y presentaba resultados inconsistentes. Además, los metaanálisis previos no incluían todos los contaminantes, diferenciaban poco entre exposiciones a corto y largo plazo o no incorporaban estudios recientes, incluidos los realizados tras la pandemia de la COVID-19.
Por lo tanto, el objetivo de este nuevo trabajo fue actualizar y sintetizar de forma sistemática la evidencia disponible para aclarar la relación entre la contaminación ambiental y la depresión y la ansiedad en población adulta. Para ello se realizó una revisión sistemática y un metaanálisis que incluyó 81 estudios publicados hasta marzo de 2025. Se analizaron los principales contaminantes del aire derivados del tráfico (material particulado como lo son PM2.5 y PM10, dióxido de nitrógeno y carbono negro), diferenciando entre exposiciones a corto y a largo plazo.
Los resultados mostraron asociaciones consistentes entre una mayor exposición a la contaminación del aire y un mayor riesgo de depresión y ansiedad, tanto a corto como a largo plazo. Las asociaciones más fuertes se observaron para exposiciones prolongadas, especialmente en el caso de PM2.5 y carbono negro, aunque también se detectaron efectos pequeños pero significativos asociados a picos de contaminación a corto plazo.
La principal conclusión de este trabajo fue que la contaminación del aire constituye un factor de riesgo ambiental relevante y potencialmente modificable para la depresión y la ansiedad. Así, los resultados sugieren que mejorar la calidad del aire podría tener beneficios no solo para la salud física, sino también para la salud mental de la población.
Tal y como indica el grupo investigador “este trabajo ayuda a entender que la depresión y la ansiedad no dependen únicamente de factores individuales o genéticos, sino que el entorno en el que vivimos también influye de forma importante. Esto puede impulsar estrategias de prevención más amplias, que incluyan políticas ambientales y acciones de salud pública”. Añaden que “estamos satisfechos con el trabajo realizado, ya que aporta una síntesis actualizada y sólida de la evidencia científica. Esperamos que los resultados sirvan para impulsar nuevas investigaciones, informar la toma de decisiones políticas y reforzar medidas destinadas a mejorar la calidad del aire”.





