Le investigadore de Biogipuzkoa Alex Martinez Ascensión ha recibido una beca del Gobierno Vasco para continuar su carrera investigadora en la prestigiosa Universidad de Cambridge (Reino Unido) desde donde volverá al Instituto para desarrollar su línea de investigación con el conocimiento allí obtenido. Hemos acudido a elle para saber más sobre el trabajo que realizará.
¿Qué destacarías de tu trayectoria que te ha llevado a conseguir esta ayuda postdoctoral?
Aunque empecé mi relación con la ciencia desde la bioquímica, pronto me di cuenta de que el trabajo de pipeta y bata no era lo mío. Me gustaba más programar, así que me acerqué a la bioinformática, y llevo casi 10 años en este mundo (desde el Trabajo de Fin de Grado, sin ir más lejos).
bien desde casa, en Biogipuzkoa o en cualquier otro sitio. Además, me ha dado habilidades que me han servido para llegar a lograr esta ayuda. Por ejemplo, muchos de los datos que analizamos hoy en día son complejos o enormes (mucho más de lo que aguanta una tabla de Excel), así que necesitas entrenar una mirada analítica para encontrar esos ángulos muertos que los datos esconden y que no se ven a simple vista. Además, la bioinformática va de la mano con la estadística para saber distinguir la paja del grano cada vez que obtengo resultados y tengo que dar una explicación de lo que está pasando en los datos. Entonces, sumando la estadística a la capacidad de análisis acabo con una caja de herramientas imprescindible tanto para crear mis experimentos como para colaborar con científiques de pipeta, que muchas veces tienen la pregunta y las herramientas para llegar a ella, y desde la bioinformática les creamos el camino.
En mi carrera como bioinformátique me he especializado en un tipo de datos muy potente y cada vez más usado en biomedicina: la secuenciación de ARN de célula única (scRNAseq). Dicho de forma sencilla, esta técnica permite separar las células de un tejido “una a una” y ver qué genes están activos en cada célula, como si leyéramos su estado y su función en ese momento. Gracias a esto se han descubierto muchísimos tipos celulares que antes pasaban desapercibidos y también se puede ver con precisión qué células cambian o desaparecen en distintas enfermedades. A nivel de investigación esta técnica es muy útil para explicar mucha biología fundamental detrás de un tejido o un órgano, y también para encontrar marcadores relevantes a nivel diagnóstico. En mi trayectoria he analizado unos cuantos datos de scRNAseq. Empecé en mi tesis estudiando diferencias entre unas células de la piel llamadas fibroblastos, pero también he estudiado datos de músculo y, ahora en mi etapa de postdoc, me estoy especializando en células del cerebro y del sistema nervioso.
Esa experiencia me ha permitido diseñar un proyecto que exprime al máximo este tipo de datos y que, en parte, explica por qué he conseguido la ayuda. Uno de los puntos más interesantes de mi propuesta es que no voy a generar datos nuevos, sino que voy a reunir y unificar decenas de estudios ya publicados. Esto requiere mucha paciencia y técnicas específicas para juntar información de estudios diferentes, pero da una perspectiva única que no se puede obtener con un estudio solo, y que se ha valorado muy bien durante la evaluación.
¿En que línea de investigación vas a trabajar? ¿Dónde vas a desarrollar parte de ese trabajo antes de volver a Euskadi con ese conocimiento?
A lo largo de estos últimos 3 años he estado trabajando en el ámbito de las enfermedades neurodegenerativas, especialmente en la Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA) y la Esclerosis Múltiple (EM). Algo que me fascina de estas enfermedades es que presentan diferencias claras según el sexo (entre hombres y mujeres). Por ejemplo, la EM es más frecuente en mujeres, y en muchas enfermedades neurodegenerativas los síntomas y la evolución pueden variar según el sexo. Aunque todavía nos falta mucho por entender, poco a poco se va avanzando en la inclusión de esta variable en investigación, y gracias a ello sabemos que ciertos fármacos pueden ser más eficaces para un sexo concreto, o incluso se están estudiando terapias hormonales para retrasar el avance de estas enfermedades. Además, se está viendo que las hormonas tienen un papel importante en el sistema nervioso y que, tras la menopausia y la andropausia, parte de ese efecto protector puede disminuir, lo que podría influir en el riesgo o en el curso de estas patologías. Sin embargo, ¿por qué algunas personas desarrollan estas enfermedades y otras no?
Aunque esta pregunta sólo se puede responder con el trabajo conjunto de muchos grupos de investigación, con mi línea voy a aportar mi grano de arena. Para ello, mi línea de investigación va un paso más allá de las hormonas y me voy a centrar en el genoma, poniendo una lupa en los famosos cromosomas sexuales X e Y. A diferencia del resto de cromosomas, éstos dos tienen particularidades que los hacen muy especiales. ¿Sabías que, por ejemplo, los cromosomas X e Y tienen regiones idénticas que los vuelven muy especiales; que en personas XX uno de los cromosomas se inactiva, pero hay partes que siguen activas; o ¿que en personas XY el cromosoma Y se pierde con la edad, y que esa pérdida se ha relacionado con varias enfermedades? En mi proyecto voy a medir cómo de frecuentes son estos fenómenos, y si se dan de maneras diferentes según el tipo de célula (algunos estudios han empezado a ver que sí). Para ello voy a usar de scRNAseq que me permiten ver cómo de diferentes son estos fenómenos no sólo entre diferentes tipos celulares, sino también entre de cada célula del mismo tipo y entre estudios.
Para llevar a cabo mi línea de investigación voy a ir dos años al laboratorio de la profesora Mina Ryten en la Universidad de Cambridge. El grupo de Mina está especializado en estudiar las enfermedades neurodegenerativas, centrándose más en la enfermedad de Parkinson, tanto desde la genética como la bioinformática. En Cambridge aprenderé los métodos que usan para algunos de sus análisis, que puedo aplicarlos para mi investigación. Una vez los perfeccione, podré continuar con mi estudio durante los siguientes tres años de la ayuda de vuelta en el laboratorio de Francisco Gil Bea, especializado en ELA.
¿Qué sientes al recibir un reconocimiento así?
Cuando lo recibí sentí una madeja de sensaciones que todavía estoy desenredando. Por un lado, estoy muy feliz porque todos los años de investigación han dado sus frutos, y gracias a esta ayuda puedo empezar por primera vez con un proyecto diseñado enteramente por mí y del que estoy orgullose.
También lo vivo como una oportunidad increíble para pasar dos años en otro país, en una de las universidades más prestigiosas del mundo, y en un grupo de investigación que prioriza una ciencia colaborativa y con unos estándares de calidad muy altos. Son dos valores que están en mi día a día en mi investigación.
Pero también es un sacrificio alejarme de todos los vínculos que he construido en estos años y que tanto me han cuidado y sostenido para estar donde estoy. Sé que estos dos años suponen una oportunidad para crear experiencia y conexiones muy relevantes, pero no deja de ser un cambio grande. Y es que la academia, como otros tantos sistemas, tiene aros por los que hay que pasar para ascender en esa pirámide que tantas personas deja atrás, y este es uno de ellos.
Aun así, estoy agradecide de que una institución pública como el Gobierno Vasco, que ha financiado tanto mis estudios universitarios y mi contrato predoctoral de 4 años, haya seguido confiando en mí para hacer una ciencia de calidad. Espero devolver ese apoyo con unos resultados que contribuyan al conocimiento científico y, en especial, a la diversidad relacionada con el sexo y género en la neurodegeneración, un campo en el que todavía queda mucho por descubrir.





